Desde esta casa, en la que funcionó el Hogar de Tránsito N° 2 de la Fundación Eva Perón, sentimos la enorme responsabilidad de que cada objeto que custodiamos hable en tiempo presente. Cuando observamos los juguetes que guardaron con amor manos infantiles, cuando preservamos las fotografías que testimonian su vínculo con los trabajadores, cuando escuchamos su voz o restauramos sus objetos personales, no pensamos solo en piezas de museo; vemos la materialización de la entrega absoluta de una mujer que quemó su vida por la dignidad del otro.
La biografía de Evita nos muestra que las transformaciones duraderas nacen de una profunda conmoción ante la injusticia y de una voluntad inquebrantable de dar voz, dignidad y derechos al pueblo.
Evita cruzó la historia argentina como un relámpago y dejó una huella imborrable, que se palpa en la conquista de los derechos políticos de las mujeres y en la creación de un nuevo paradigma gracias al cual el acceso a la dignidad devino en un nuevo trayecto vital para millones de personas. Ella no concibió la responsabilidad pública desde la frialdad de un escritorio, puso el cuerpo, la escucha y el abrazo al servicio de las realidades más difíciles. Por eso, buscamos que cada una de las microhistorias que constituyen su legado sigan funcionando como una fuente de inspiración para las nuevas generaciones.
En tiempos en los que el individualismo asoma con fuerza, la vida de Evita emerge como una guía que nos recuerda el valor de la construcción comunitaria y la urgencia de tender puentes. Que esta conmemoración nos lleve a encontrar en su memoria ese impulso transformador que nos convoca a mirar el futuro con esperanza.