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Elegir y ser elegidas

El 11 de noviembre de 1951, las calles amanecieron distintas. Se trataba de una jornada electoral única: por primera vez en la historia de nuestro país, las mujeres caminaban hacia las mesas de votación con sus libretas cívicas en mano y el pleno reconocimiento de su ciudadanía.

Cada sobre depositado en las urnas contenía, además de una elección, décadas de luchas, debates parlamentarios, peticiones obreras y el impulso decisivo de la organización colectiva que transformó la vida pública del país. Ese domingo lluvioso se inauguró una nueva forma de pensar el espacio público. Votar significó ingresar con voz propia en las decisiones de la Patria y abrir un camino para las generaciones que vendrían.

Desde la cama del Policínico Presidente Perón de Avellaneda, Evita condensó el sentir de más de tres millones y medio de argentinas que participaron por primera vez de una votación nacional. Ella votó por única vez.

A 75 años de aquel hito, en que las argentinas pudieron elegir y ser elegidas, la memoria de esa primera vez sigue impulsando nuestros desafíos ciudadanos. 

Para comprender la magnitud de aquel 11 de noviembre, resulta necesario mirar más allá de la norma legal de 1947. El sufragio femenino no nació de la noche a la mañana ni se trató de una concesión aislada: fue el cauce en el que convergieron las huellas de las pioneras del siglo XX, las demandas de las trabajadoras organizadas y la construcción de una pedagogía cívica que recorrió cada rincón del país.

En los años previos a la elección, el empadronamiento masivo movilizó a miles de mujeres que salieron de sus casas para inscribirse, tramitar sus documentos y reconocerse, por primera vez, en el registro oficial del Estado a nivel nacional.

Así nacieron nuevos espacios de participación política para aquellas mujeres que se identificaron con el peronismo. Las unidades básicas del Partido Peronista Femino funcionaron como centros de alfabetización, de asistencia y de encuentro comunitario. Allí, la conciencia de los derechos cívicos se volvió conversación cotidiana.

La primera jornada de voto femenino a nivel nacional en Argentina se registró un nivel de participación cercano al noventa por ciento, cifra que dio cuenta de una necesidad postergada. La presencia femenina en las urnas, y en las boletas, transformó de inmediato la representación institucional: por primera vez legisladoras ocuparon bancas en el Congreso Nacional, y a su vez lo hicieron en las legislaturas provinciales. 

Los recintos fueron el escenario de nuevas agendas, y continúan siendo los espacios en los que se juegan las esperanzas de aquellas mujeres que caminaron juntas hacia las urnas y construyeron para la posteridad una nueva trama para la democracia argentina.

Ciudad de Santa Fe, 11 de noviembre de 1951. Fuente: Centro de Documentación INIHEP-MUSEO EVITA/ Colección Ana Carmen Macri.