«Nos casamos porque nos quisimos y nos quisimos porque los dos queríamos la misma cosa».
Eva Perón
El 22 de octubre de 1945, en el Registro Civil de la ciudad de Junín, se celebró el matrimonio entre Eva Duarte y Juan Domingo Perón. Eran momentos convulsionados: apenas unas semanas antes, Perón, despojado de sus cargos públicos, había sido enviado como prisionero a la isla Martín García y, el 17 de octubre, el pueblo salió de manera masiva a la calle a exigir y, por fin, lograr su liberación.
Desde su lugar de detención, Perón le había mandado a Eva una hermosísima carta en la que le expresaba su deseo de alejarse de la convulsión política, casarse y comenzar una vida juntos. Los hechos políticos precipitaron los planes: Perón se había convertido en candidato a presidente y, como tal, se esperaba que estuviera formalmente casado. Para Eva, aquel momento significó, también, el abandono de su carrera artística y su incorporación plena al proyecto político que encabezaba su futuro marido.
El acta de matrimonio, registrada bajo el Nº 182, documenta una unión que, lejos de permanecer en el ámbito privado, marcó un punto fundamental en la trayectoria política de ambos.
Unos meses más tarde, el 10 de diciembre de 1945, en la Iglesia de San Francisco, de La Plata, se celebró el matrimonio religioso. Los testigos fueron Blanca Duarte, hermana de Eva, y Domingo Mercante, estrecho colaborador de Perón y futuro gobernador de la provincia de Buenos Aires. Juana Ibarguren, madre de Eva, fue la madrina y Juan Duarte, su hermano, ofició como padrino.
La boda civil y, después, la ceremonia religiosa terminaron de formalizar el profundo sentimiento que los unía y la coincidencia de un destino común. Una singular relación entre el vínculo amoroso que los unió y el proyecto político que, desde entonces, compartieron.
“Pensábamos al unísono, con el mismo cerebro; sentíamos con una misma alma”, diría Perón de la mujer que irrumpió en la historia e inauguró un tiempo de dignidad para el pueblo.